¿UN CATOLICO PUEDE SER SOCIALISTA?
Si mi hijo Kristoff, de 16 años, me preguntara un día: “Papá, ¿un Católico puede ser socialista?”, sin duda mi respuesta sería un rotundo sí. Si puede ser socialista, le diría, de hecho, lo somos; pero además le agregaría que es deber de un fiel Católico ser socialista, en el sentido de preocuparse por el bien común. lo que es muy diferente a ser marxista.
Permiteme explicarlo con mayor claridad desde el punto de vista de un Católico prácticante.
El término Iglesia proviene del griego ekklesía, que significa “asamblea de convocados”, mientras que católico deriva de katholikós, que significa “universal”. Ambos conceptos revelan que el cristianismo no se vive de manera individualista, sino de manera comunitaria, en una sociedad fraterna fundada en valores, preocupación por el prójimo y por el bien común.
Un ejemplo claro lo encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde se narra cómo los primeros cristianos vivían en comunidad y compartían el pan:
“Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación.”
Reunirse en comunidad y preocuparse por cada uno de sus miembros no es una opción secundaria, sino un mandato directo de Jesucristo, expresado con claridad en el Evangelio de Mateo (25, 35-40):
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.”
“En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.”
Dicho esto, también le aclararía a mi hijo que el socialismo Católico del que yo hablo es distinto por que es más perfecto que otros tipos de socialismo, debido a que está fundamentado en la Doctrina Social de la Iglesia. Esta doctrina se inspira tanto en la revelación sobrenatural como en el análisis crítico de los errores cometidos por otros modelos socialistas.
Muchos de esos intentos han privado a las personas de la verdad revelada, del libre albedrío, del justo reconocimiento al esfuerzo y de la retribución por el trabajo, que es fuente de autorrealización personal. Además, le ha otorgado al Estado un lugar que desde la perspectiva del creyente, solo le corresponde a Dios, a nadie más como dice el Evangelio:
“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22, 21).
La preocupación social brota tanto del intelecto como del corazón; en otros términos, nace de la revelación natural y de la revelación sobrenatural. Dicho de forma más sencilla: Es bueno ser humanista mexicano, pero es mejor ser humanista trascendental mexicano, porque el primero queda incompleto si no incorpora a Dios en sus acciones y el segundo todas sus acciones sociales buscan agradar a Dios haciendo el bien en la otra persona.
Este pensamiento se basa en la postura filosófica y en las encíclicas de los papas Pío XII y Benedicto XIV, el pensamiento del abogado y filósofo jalisciense Agustín Basave Fernández del Valle, quien seguramente fue influido por el pensamiento del abogado Anacleto González Flores, creador del primer sindicato católico mexicano quien ademas murió mártir por defender la libertad religiosa durante la guerra cristera.
En conclusión, sí se puede ser socialista y católico, siempre y cuando ese socialismo sea inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, que resulta ser más completo porque incorpora a Dios en la vida de las personas. En contraste, a la doctrina socialista marxista promueve el odio hacia los dueños de los medios de producción y la lucha entre clases lo que es incompatible con la fe Católica sobre todo para quien vive en coherencia con su fe debido a que Jesucristo nos llama a amar a todos incluso a los enemigos además excluye la trascendencia del alma humana y reduce al ser humano a una dimensión meramente material, privandolo de la esperanza de la vida eterna.